Archivo | mayo, 2019

La fiscal jefe de León denuncia a diputados y técnicos por prevaricación y malversación

20 May

D.L. Mirantes | 19/05/2019

TRIBUNALES La investigación parte de la sentencia sobre renuncia al contrato de ayuda a domicilio, que asciende, incluyendo las prórrogas del actual equipo de gobierno, a 71 millones

de https://www.LANUEVACRONICA.COM/la-fiscal-jefe-de-leon-denuncia-a-diputados-y-tecnicos-por-prevaricacion-y-malversacion

La fiscal jefe de León ha decidido formular denuncia contra nueve miembros del anterior equipo de Gobierno de la Diputación y una técnico de la institución, tras advertir posibles indicios de un delito de prevaricación y otro de malversación de caudales públicos. El origen de la denuncia se encuentra en la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León (TSJCyL) en la que considera ilícita la renuncia al contrato de ayuda a domicilio aprobada en tiempos de Isabel Carrasco. En la resolución, el TSJ ya solicitaba las diligencias de la Fiscalía, tras detectar presuntas irregularidades. El 4 de marzo, el TSJ remitía al ministerio fiscal la sentencia por «si de los hechos que relata pudiera inferirse que se ha incurrido en responsabilidad penal», según el escrito de diligencias solicitado por la Fiscalía.

      En dicho escrito se incluyen los nombres de los denunciados: Marcos Martínez Barazón, José Antonio Velasco, Miguel Ángel del Ejido, Teodoro Martínez, Emilio Orejas, Raúl Valcarce, Yolanda Martínez, María Isabel Fresno, Miguel Ángel González Robla y María de la Paz Diez. La lista de denunciados será previsiblemente más larga conforme avance el caso, ya que la fiscal jefe incluye a «todas aquellas personas que se determinen a lo largo del procedimiento como cooperadoras de las acciones llevadas a cabo». El importante total del contrato, incluyendo las prórroga efectuadas ya por el actual equipo de gobierno, supera los 71 millones.

Los ahora denunciados «acordaron e intervinieron en la renuncia del contrato de servicios del servicio de ayuda a domicilio en municipios de menos de 20.000 habitantes», cuya licitación se había publicado en el BOP, siguiéndose los trámites correspondientes «hasta la citada renuncia, que se produjo en fase de adjudicación provisional» en la junta de Gobierno del 26 de abril de 2012. De la junta de gobierno también formaban parte entonces Lupicinio Rodrigo y Jaime González, aunque ninguno acudió a la que se celebró aquel día. La fiscal jefe, conforme al escrito de denuncia, expone que «el acuerdo alcanzado que se cifró en ‘razones de interés público’ por falta de financiación carece de la más absoluta justificación, puesto que se realizó con conocimiento de que la adjudicataria, quien venía prestando ya tales servicios y cuando realmente, durante todo el periodo de vigencia de lo que sería el contrato al que se renunció, se abonaron, mediante prórroga, los servicios prestados en la zona este a la propia entidad y a otra entidad en la zona oeste, datos que acreditan la existencia de financiación suficiente, como conocían quienes renunciaron al mismo». La fiscal jefe cree que «de dichos hechos serían responsables los denunciados».

Para la comprobación de los hechos, entre otras diligencias practicadas, la fiscal jefe prevé tomar declaración a las personas denunciadas y la recopilación de sus hojas histórico penales, puesto que varios de ellos ya se encuentran implicados en otros casos de presunta corrupción.

De los nueve diputados denunciados por la fiscal jefe, Miguel Ángel del Ejido, Raúl Valcarce y Emilio Orejas forman parte del actual equipo de Gobierno de Juan Martínez Majo y encabezan las candidaturas del Partido Popular a las alcaldías de sus respectivos municipios, Santa María del Páramo, Carracedelo y Valdelugueros. Marcos Martínez Barazón, alcalde de Cuadros, se presenta a las elecciones con una candidatura independiente, tras salir del PP por su implicación en la trama Púnica. María de la Paz Martínez ha sido concejala por el PP en el Ayuntamiento de Mansilla de las Mulas los últimos cuatro años, tras haber sido alcaldesa del municipio en el anterior mandato. José Antonio Velasco, inhabilitado durante cuatro años por prevaricación urbanística, dimitió como alcalde de Congosto en enero del 2018. Teodoro Martínez ha abandonado recientemente la política tras ser alcalde de Villadangos del Páramo. Isabel Fresno también ha estado en la Alcaldía de Vegaquemada durante cinco mandatos y afronta las elecciones para el sexto. Por último, Miguel Ángel González Robla fue alcalde de Soto y Amío hasta 2015.

  ¿CRISIS DE VALORES?

19 May

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Se nos repite como un mantra que atravesamos una grave crisis de valores. No será un servidor el que, desde luego, niegue los estragos causados por el relativismo moral postmoderno. Permítanme no obstante un matiz: solo en el momento en que empezamos a pensar que determinados valores no justifican el esfuerzo que ha de hacerse para lograr determinadas necesidades y satisfacciones, es cuando consideramos que los mismos no resultan válidos y entonces los sustituimos por otros distintos, por lo general menos valiosos.

 

      Eso es precisamente lo que ocurre ahora con la devaluación de la autoridad, el esfuerzo o el mérito y la cotización al alza del permisivismo, la ley del mínimo esfuerzo o la mediocridad. De hecho, la escala de valores se ha trastocado: la solidaridad, la verdad, la bondad y la belleza, antes en la cúspide, han sido desplazadas por ese individualismo, banalización, hedonismo o “libertad” – entendida ésta como hacer en cada momento lo que a uno plazca – que con tanta fruición promueven los luciferinos prebostes del modelo socio económico imperante.

 

      A decir verdad y aunque no esté de moda ni bien visto hablar de ello quizás por la asociación inconsciente de virtud con religión, hoy asistiríamos no tanto a una crisis de valores (criterios de carácter subjetivo, personal y transitorio, adquiridos durante la vida, que orientan la conducta humana y que pueden o no manifestarse en las acciones) como de virtudes (hábitos de comportamiento de carácter objetivo, innato y estable, desarrollados y afianzados a lo largo de la vida, que determinan la conducta humana y necesariamente tienen que manifestarse en todas las acciones).

      Porque valores y virtudes, siendo conceptos similares (ambos, cada uno a su manera, permiten la convivencia y favorecen las relaciones humanas), no son lo que se dice equivalentes. Todos poseemos algún tipo de valores, la mayor parte de las ocasiones supeditados al modo de vivir “nuestro yo” circunstancial; pero pocos serían capaces de acreditar aquellas virtudes (prudencia, fortaleza, justicia, templanza) que, ejercitadas día a día, nos impulsan en un afán de perfección moral cuya última meta es la búsqueda del bien. He ahí la gran diferencia.

      No en vano para los antiguos griegos la educación tenía como fin la areté (esa excelencia por medio de la cual se accedía a la “vida buena” propia de los hombres íntegros al tiempo que se evitaba la “buena vida” de quienes caían subyugados por los placeres efímeros) y para los antiguos romanos la virtus (ese modo de conducta que nos capacitaba para madurar como personas).

      En puridad, la gran crisis que padecemos en estos primeros compases de siglo XXI tampoco afectaría en sí a las virtudes puesto que, aunque los valores son per se mudables, las virtudes como tales son inmutables y, por ende, siempre válidas. La ruina actual está, por el contrario, en los sujetos que deberíamos aspirar a ellas, ya que, alejados casi por completo de una vida honorable y digna, arrastramos serios problemas en el ámbito de nuestra inteligencia y voluntad – caso de ese materialismo que nos empuja a ser esclavos de nuestros egoísmos individuales – que nos imposibilitan para alcanzarlas en una sociedad donde encima son denigradas y en un sistema cuyo único proyecto pasa por reducirnos a la simple categoría de votantes ocasionales y consumidores compulsivos.

      Ciertamente – y parafraseando a Ortega y Gasset con el célebre “Yo soy yo y mis circunstancias” – no podemos abstraernos del contexto que nos rodea. Si bien permitir que las invariablemente tornadizas contingencias determinen de un modo absoluto nuestro proceder acabará provocándonos una identidad floja y quebradiza. Ello será evitado por medio de una actuación regulada por la virtud y orientada al bien, sin duda una de las herencias más preciadas que habríamos de legar a las generaciones venideras.

 

RICARDO HERRERAS

 

    ANTICRISTIANISMO GUAY

12 May

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A diferencia de lo que ocurre con determinados colectivos – véase el lobbie LGTBI, desde el que, seguidismo mediático mediante, cualquiera puede ser acusado de homofobia o transfobia incluso por los motivos más nimios – cuando hablamos de delitos de odio, existen otros hacia los que la tan traída y llevada “tolerancia cero” parece aplicarse de manera parcial y sectaria.

 

      Es el caso de los cometidos contra la libertad religiosa y, en concreto, contra los cristianos, delitos que han aumentado en Occidente (aquí en España, por ejemplo, recientes estudios apuntan que el 77% de las invectivas contra la primera se dirigen contra los segundos) ante el muro de silencio cómplice (citando a Cicerón, “la verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”) de instituciones y partidos políticos.

     Porque la cristianofobia no es privativa del islamismo radical impulsor de atentados en lejanos lugares del mundo. Por desgracia, es un sentimiento arraigado en muchas de las corrientes (feminismo, multiculturalismo, ecologismo, movimiento gay, veganismo o animalismo) que están dando forma hoy a las muy desestructuradas sociedades europeas del presente. Basta rascar un poco para darse cuenta del anticristianismo implícito en amplios círculos de esa izquierda postmoderna cipaya de la vigente tiranía mundialista, lo cual muy poco por no decir nada tiene que ver con el presunto respeto a los derechos y libertades que debería imperar en los “avanzados sistemas democráticos” que algunos presumen vivimos.

      De hecho, se está construyendo una peligrosísima corriente de pensamiento que, ignorando la tradición judeo-cristiana (junto con la filosofía griega y el derecho romano, una de los tres pilares fundamentales de nuestra civilización occidental, no en vano y mal que le pese a tanto buenista acomplejado de sus raíces histórico-culturales, la más laboriosa, racional, avanzada y próspera de cuantas han existido), pretende inculcar a una ciudadanía crecientemente embrutecida y amoral que eso del cristianismo (que no el islam, por aquello de no ser tachados de intransigentes, xenófobos y tal) es una rémora irreconciliable con el progreso impregnada además de expresiones/valores anacrónicos que únicamente merecen burla, desprecio e insulto; burlas, desprecios e insultos que, encima de salirles gratis a sus autores (no les saldrían a buen seguro si los “valientes” que los llevan a cabo los profiriesen contra el credo musulmán: que se lo digan a los dibujantes del semanario satírico francés Charlie Hebdo asesinados en 2015), quedan hasta guay. 

      Así, en los últimos tiempos y en el viejo continente, estamos  asistiendo atónitos a unos escarnios y ultrajes tales hacia los símbolos cristianos – pintadas en las fachadas de iglesias, asaltos a capillas, profanaciones de cementerios, exposiciones obscenas, intentos de sabotajes a procesiones – que, lejos de erigirse en arma revolucionaria frente al gran capital, constituyen el retrato perfecto del simplismo e ignorancia con los que demasiados progres construyen su maniqueo discurso sobre la laicidad, entendida ésta no como una herramienta de integración, sino de enfrentamiento.

      Y es que atacar de forma inmisericorde la plegaria y espiritualidad cristianas ni es revolucionario, ni es heroico, ni es transformador ni nada que se le parezca. Se trata de algo repudiable desde cualquier punto de vista ético, pues únicamente causa dolor a sus creyentes, a la vez que ensucia la causa de quienes (postura muy respetable) no estén de acuerdo con los ideales cristianos.

     Unos ideales (fidelidad, verdad, piedad, amor) nobles que, a tenor de su bimilenaria trayectoria y a pesar de la tibieza, cobardía, abandonismo e hipocresía actual de sus propios seguidores y presbíteros, se fortalecerán y elevarán tras cada afrenta, tras cada blasfemia, tras cada vejación, tras cada caída, como hiciera el mismo Jesús camino del Gólgota.

 

RICARDO HERRERAS

 

 

 

 

 

INMADUREZ, DIVINO TESORO

5 May

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El alarmante envejecimiento poblacional de Occidente durante los últimos decenios parece haber ido en paralelo a una agudización de los rasgos infantiloides de los habitantes del mismo.

    Así, las demandas se imponen a los deberes; la satisfacción y el impulso inmediatos ganan la partida al esfuerzo y la reflexión; la jibarización de los mensajes triunfa sobre la lectura y el pensamiento; la diversión arrincona a la información y el análisis rigurosos (vean esa telebasura que hace las delicias del adocenado público con mentalidad adolescente); el victimismo aplasta a la responsabilidad (la sociedad entera parece ser la única responsable de lo que nos pasa, o “papá Estado”, el cual pensamos está obligado de propiciar hasta nuestra felicidad); el griterío acogota al razonamiento (ahí están sino los debates catódicos para demostrarlo); la autoestima (antaño un producto de los logros conseguidos, hoy viceversa: se quieren alcanzar éstos con aquélla) desmedida defenestra a la constancia; el placer proscribe a la previsión (¿quién hace ya planes de futuro salvo gastarse todo el dinero en copas o drogas cada fin de semana?) .

 

     Nos asustan (y nos dejamos asustar también) con miedos y temores cuasi irracionales (aquellos relacionados con los alimentos o el clima, por ejemplo) que, inventados o exagerados, parecen más propios de una mente púber que otra cosa.

      Ahora se dice a los escolares – a quienes sus desaprensivos progenitores, por no “traumatizar”, les han pintado la vida de color de rosa y comido la cabeza con lo especiales que son – que si van mal en los estudios es porque padecen alguno de los muchos trastornos desconocidos hasta ayer, hoy sospechosamente abundantes, con tal de no llamar a las cosas por su nombre, o sea, que son unos vagos.

      La juventud se ha convertido en el nuevo gran icono y objeto de culto. Y lo malo no es tanto el discutible look de determinadas operaciones estético-capilares, sino el creciente número de puretas obsesionados hasta lo grotesco en el cultivo consciente de su propia inmadurez, al punto que en la actualidad no son los jóvenes quienes imitan la conducta de los adultos, sino al revés, pues la experiencia, la madurez y el conocimiento que proporcionan la edad no son considerados virtudes sino rémoras a desprenderse.

      ¡Incluso el diseño (fíjense en las oficinas de determinadas empresas, parecidas a guarderías de niños grandes antes que a verdaderos centros de trabajo) y los medios de transporte (¿qué me dicen de esos ridículos patinetes eléctricos pilotados por adultos?) engendrados al calor de la corrección política resultan infantiles!

    Un infantilismo auspiciado por los mismitos politiqueros de izquierdas y derechas títeres del Nuevo Orden Mundial que nos apabullan con ese discurso inclusivo-arbitrista y esos eslóganes guays empachados de “diversidad” – que tanto gustan, por cierto, a pijos y pijas de izquierdas y de derechas – bastante más proclives al reparto de prebendas que a la concesión de verdaderos derechos.

      Al respecto, no me cabe duda que para cambiar el lamentable estado de cosas del presente, antes que votar cada cierto tiempo por éste o aquél monigote producto de la mercadotecnia electoral, será menester la toma de responsabilidad hacia uno mismo, nuestros semejantes y, por ende, nuestra patria, única manera de que  (junto a la recuperación de valores como el compromiso, la rectitud, el espíritu de sacrificio o el trabajo bien hecho)  podamos ser lo suficiente libres e independientes a la hora de  tomar las decisiones que nos afecten y de esta forma actuar en consecuencia.

      Lo contrario, perseverar en el infantilismo, solo traerá más confusión y caos social, más individuos manipulados, blandengues y cobardicas solo aptos para demandar caprichos cual pataletas de niños pequeños que, para colmo, malvivirán recreándose en su mediocridad, refocilándose en sus bajos instintos y autoengañándose en su falsa burbuja de confort

 

 

RICARDO HERRERAS

 

El rey Alfonso VII «el Emperador» de León

4 May

Crónica de un interesante libro

El presente libro nos retrotrae a un drama en la Alta Edad Media, que consiste en el momento en que el Reino de León va a perder la dirección de la Reconquista en Hispania o las Españas (España y Portugal) frente al Reino de Castilla, que secularmente fue un condado y reino dependientes siempre del Reino de  León.

Es por lo que antecede por lo que el Emperador leonés tiene, en la actualidad, algún recalcitrante adversario en el País Llionés o Región Leonesa, entre aquella minoría de leoneses que no pueden comprender lo que realizó este soberano con la parte más eximia de sus dos reinos, la leonesa y a la que él mismo atribuía su corona imperial.

Pero, en ocasiones, los reyes medievales estaban y gobernaban al margen de la lógica política más rigurosa y ortodoxa.

Es obvio que la boutade del castellanismo político o historicista que manifiesta, apresurada y alegremente, que el soberano leonés tenía la convicción de que en Castilla estaba lo pujante y lo moderno, y en León lo arcaico y antañón, no se sostiene desde el más mínimo análisis histórico o historiográfico.

Es probable que este acto imprevisible e inaceptable de beneficiar a Castiella en lugar de a Lleón se fundamente en algún hecho patológico psicológico padecido por el propio monarca, en una mayor afectividad por cuestiones fenotípicas e idiosincráticas hacia su primogénito, en las maniobras espurias de la nobleza castellana, que poseía tierras, predios y latifundios a ambos lados de la frontera, y en la dejadez de los magnates leoneses más volcados hacia las Galicias Lucense (Lucus Augusti-Lugo) y Bracarense (Braccara Augusta-Braga), o en todos estos asertos en un totum revolutum.

Sea como sea el hecho se produjo y la historia se reescribió en demérito de la parte leonesa.

El emperador leonés divide, por consiguiente, sus dos reinos patrimoniales entre sus dos hijos varones, Sancho y Fernando, y de forma inexplicable el territorio leonés va a ver amputado su territorio y sus posibilidades, de lo que siempre se ha definido como los Campos Góticos o Tierra de Campos, patognomónicamente de León, y ahora castellanos.

Su infancia nunca será fácil, ya que su padre, el conde Raimundo de Borgoña, pasará pronto a mejor vida, y su madre, la futura reina-emperadora Urraca I de León “la Temeraria”, quedará desamparada en un terrible y problemático mundo de varones del Alto Medioevo, pero la soberana siempre tendrá muy desarrollado su sentido dinástico regio y defenderá sus derechos con ahínco por encima de todo.

El segundo matrimonio de la soberana leonesa no será positivo, ni fructífero, ya que el rey Alfonso I el Batallador de Aragón y de Pamplona es muy ambicioso, atrabiliario, extraño, misógino y violento; y se autodenominará como: “Emperador de León y rey de toda Ispagna o Spania o Hispania”.

El joven Alfonso Raimúndez deberá luchar, por lo tanto, para llegar a ser el factotum de todos los reinos de las Españas del siglo XII, buscando alianzas y apoyos en todas partes.

Conseguirá ser coronado, sensu stricto y en la Catedral Románica Legionense de Santa María con todo boato, el 26 de mayo de 1135; su obra y su trono en la caput regni del glorioso Regnum Imperium Legionensis, que era la ciudad de León; por lo tanto ya es el árbitro esencial de toda la política medieval peninsular de su momento histórico.

Pero en los estertores de su devenir vivencial su desacierto conllevará el dejar a su reino de León minimizado, frente a una Castilla que desea ser preeminente.

No obstante, el león rampante regio e imperial va a figurar en el escudo urbano de algunas de las conquistas militares del emperador leonés, como por ejemplo en Zaragoza.

Sancionará el Fuero de Avilés (Anno Domini, 1155, otorgado por su abuelo Alfonso VI de León en 1085), que es uno de los primeros textos medievales escritos en la lengua romance leonesa, y el de Oviedo (1145), también otorgado por Alfonso VI de León, y del que se conserva un documento del rey Fernando IV el Emplazado de León y de Castilla, de 1295.

En su memoria existe, en León, la Imperial Cofradía de “Alfonso VII el Emperador y el Pendón de Baeza. Año 1147”, cuyo nombre original es el de: “Muy Ilustre, Real e Imperial Cofradía del Milagroso Pendón de San Isidoro”.  Y terminaré con un texto, como existen centenares, definitorio de lo pretendido en el presente libro; proviene de la Chronica Adefonso Imperatoris que define, con toda claridad, de donde era rey Alfonso VII el Emperador: «Surgió una gran rivalidad entre los varones guerreros de Castilla que apoyaban al rey de León y los que seguían el partido del rey de Aragón. Y los que militaban a favor del rey de León salían siempre vencedores».

Los actores regios son: Alfonso I el Batallador de Aragón y de Pamplona, claramente definido como el rey de Aragón; y Alfonso VII el Emperador de León, que es el rey de León, dejando claro que Castilla es un territorio dependiente de León, y sin personalidad jurídica independiente del reino de León. ¿Quousque tandem abutere, Castiella patientia nostra?; y, por consiguiente, ¿Cuándo se respetará la identidad leonesa y se reconocerá el valor de su identidad histórica y de todo lo que representó? “Servare navem ex hieme”.

Datos del libro
  • ISBN-978-84-949022-5-3
  • Déposito Legal: DL LE 428-2018
  • Páginas: 186