Archivo | marzo, 2018

Solicitud de D. Adriano Álvarez a la Diputación de copia de Resolución Judicial

11 Mar

Ha  sido solicitada a nuestra Asociación por D. Adriano  Álvarez Callejo la publicación de  la solicitud que ha realizado a la Diputación, que procedemos a adjuntar

180306 escrito Adriano

 

 

BÁRBAROS

4 Mar

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Ahí andábamos adoptando medidas – algunas no demasiado compatibles con la legislación internacional sobre la materia – para espantar a esos refugiados sirios, afganos o subsaharianos que huyen de la miseria, la guerra o la tiranía con el pretexto de no introducir el caos y la barbarie en nuestras tan opulentas como desiguales sociedades, cuando la “vieja, culta y refinada” Europa ha vuelto a enseñar una de sus peores caras: la del vandalismo en el fútbol.

      La muerte por infarto el pasado jueves día 22 de febrero de un agente de la Ertzaitza en medio del bochornoso y lamentable enfrentamiento entre aficionados ultras del Athletic y del Spartak de Moscú en Bilbao nos refrescaron las estremecedoras imágenes de la Eurocopa de 2016, donde las multitudinarias batallas campales entre hooligans rusos e ingleses acaecidas en Marsella constituyeron el mayor repunte de violencia dentro del llamado “deporte rey” desde el dramático episodio ocurrido en el estadio Heysel de Bruselas en el lejano 1985.

      Allí, en el puerto galo, se contemplaron con estupor grupos de hasta 40 o 50 individuos en formación de ataque que actuaban con la coordinación y el dinamismo (he aquí el salto “cualitativo”) propios de los tristemente célebres comandos paramilitares, muchos de los cuales se habían ganado billete al evento en salvajes peleas organizadas en los inhóspitos bosques eslavos, grabadas y compartidas luego sin ningún pudor en las redes sociales, como si fueran una competición en la que los más bestias eran finalmente los elegidos para acudir a la guerra final.

      De todos modos, la violencia futbolera no es una peste que tengamos que atribuir de forma exclusiva a Rusia, país que parece estar ahora en el ojo del huracán. Ni mucho menos. Sin ir más lejos en España las hemerotecas enumeran una indeseable lista de víctimas mortales en torno a unos partidos que empiezan a calentarse desde días antes en esos foros de internet manejados por los seguidores más radicales de los diferentes equipos, esos que campan a sus anchas en estadios y aledaños con símbolos abiertamente belicosos, lanzan proclamas racistas, insultan a la afición rival como parte de la propia puesta en escena y acceden a los recintos deportivos con elevadas dosis de alcohol en el cuerpo ante las mismísimas narices de los clubes, a quienes debería obligarse de una vez a correr con los ingentes gastos que conlleva el controlar a estos energúmenos.

      Tampoco cometamos el error de identificar el fútbol con la violencia. Cada vez que se producen episodios tan deplorables, no son precisamente pocos lo que intentan construir la teoría de que el fútbol es per se fomentador de comportamientos violentos. Pero al igual que éste y el resto de los deportes no son por sí mismos generadores de valores éticos (es cierto que el deporte puede ser una buena herramienta para educar, pero es solo eso, una herramienta) como proclaman algunos primaveras, tampoco lo son para generar racismo o xenofobia. En puridad son, lamentablemente, un síntoma más de hasta qué punto nuestra sociedad está en decadencia, poniendo de relieve que, por desgracia, dar rienda suelta al odio es la única capacidad de respuesta ante la frustración para no poca gente.

      Desde luego, viendo las vergonzosas imágenes de estos individuos atizándose hasta casi la muerte mientras lo arrasan todo a su paso por calles y plazas diríase que los bárbaros no proceden de fuera, sino que ya están aquí o, mejor dicho, siempre estuvieron aquí también, en la pretendida cuna de la civilización.

      Sí, cuando toca, los europeos somos tan salvajes como cualquiera. No nos equivoquemos. No nos creamos diferentes. Porque en realidad el fanatismo irracional de cualquier índole adopta la forma de todas las razas, habla distintos idiomas, se esconde detrás de múltiples banderas y venera los credos más diversos.

 

                                                                                  RICARDO HERRERAS

 

SOBRE EL NEGACIONISMO DE CARLOS ESTEPA ACERCA DE LAS CORTES DE 1188

3 Mar

R Chao

de https://CORAZONLEON.BLOGSPOT.COM.es/2018/02/sobre-el-negacionismo-de-carlos-estepa.html

28 de febrero de 2018
Parece que anda la gente muy revuelta por unas declaraciones de Carlos Estepa negando la importancia de las Cortes de León de 1188. A mi no me ha sorprendido en absoluto, porque este historiador lleva haciendo lo mismo al menos desde 1988, cuando se celebró el VIII Centenario de las Cortes. Sólo hace falta consultar “El reino de León en la Alta Edad Media I: Cortes, concilios y fueros”, publicado en ese mismo año, para leer sus postulados y posturas sobre este asunto. Pero ojo, porque la información más jugosa no sólo está en su artículo, titulado “Las Cortes en el reino de León”, sino también en los de Fernando Arvizu y Alfonso Prieto Prieto, donde nos podemos hacer una idea de las intenciones de Estepa. Precisamente este último dice lo siguiente sobre las tesis de Carlos Estepa y de Gonzalo Martínez (que afirmaba la existencia previa de unas Cortes castellanas):

“Si don Carlos Estepa no da por buenos sin más los decreta de la Curia leonesa de 1188, que hasta nosotros han llegado, el doctor Gonzalo Martínez, sin habérsenos conservado “decreta” algunos de la Curia de 1169 y de la Curia de Gormaz de 1187 (…), insinúa la primacía temporal de ambas curias en cuanto a la presencia de los representantes concejiles. Ya en mi citada ponencia, además de mostrar lo endeble de tal fundamentación, pronostiqué la aparición de tesis negadoras de la primacía temporal de las llamadas Cortes leonesas; hasta tal punto las urgencias del presente, por mínimas que sean, condicionan nuestra construcción del pasado”. 

Obviamente, con “las urgencias del pasado” D. Alfonso se refiere a la creación de la comunidad de Castilla y León. Y dice más adelante:

“Y lo más grave, a mi modo de ver, de esta falta de sensibilidad para las raíces, es que significa un desconocimiento de lo que constituye la especificidad de lo histórico: la virtualidad del pasado en el presente”. 

En cualquier caso, sin entrar en polémicas estériles y artificiales, lo que es innegable es que en los Decreta de 1188 se dice que se celebró una curia en León con el arzobispo, los obispos, y los magnates o nobles del reino, así como con los ciudadanos elegidos por cada una de las ciudades. Literalmente y en latín:

“Adephonsus, Rex Legionis et Gallicie, cum celebrarem curiam apud Legionem cum archiepiscopo et episcopis et magnatibus regni mei, et cum electis civibus ex singulis civitatibus”

Aquí radica la gran novedad de esa Curia de 1188: por primera vez acuden representantes del pueblo llano: da igual si fueron o no burgueses, hombres ricos o pobres. Lo importante es que va a haber representación de un estamento que al parecer nunca había participado en la Curia (aunque hay sospechas de que pudo hacerlo en tiempos tan tempranos como en época de Alfonso VII). Tal y como dejó dicho el citado D. Alfonso Prieto: “las llamadas Cortes Leonesas no son otra cosa que la Curia Regis acrecida mediante la presencia de los representantes de las ciudades”. Y en principio no habría que darle más vueltas en un sentido u otro. Por ejemplo, tampoco hace falta llegar al extremo de denominar a estas protocortes como “democráticas” o exageraciones parecidas.
Sin embargo Estepa trata de retorcer todos los argumentos posibles, por endebles que sean, y por lo general sin ninguna prueba sólida: insinúa, por ejemplo, que los Decreta están interpolados posteriormente, sin aportar pruebas contundentes y sin explicar a qué intencionalidad podría responder dicha interpolación. Incluso llega a dudar de la traducción al término “cives”, y en la citada obra llega a insinuar (nunca afirmar) traducciones como “nobles”, sin reparar en la tautología que supondría una repetición del concepto en los Decreta: “con el arzobispo, los obispos, y los magnates de mi reino; y con los nobles elegidos (!) de cada ciudad”. Aunque, insisto, solo apunta dicha posibilidad, Estepa parece obsesionado en recalcar que esos “civis electi” debían ser gente acomodada de las ciudades, como si eso negara la peculiaridad de la Curia de 1188;  porque fueran ricos o pobres, lo fundamental es que asistieron representantes del pueblo llano. Pero eso le da igual al señor Carlos Estepa, que sigue empecinado en negar la novedad que supuso este hecho con argumentos que sólo se pueden calificar de peregrinos y de juegos malabares. El porqué de esta obsesión personal ya sería harina de otro costal…
 José Carlos Guerra  “Curia de Fernando II” (1972)