VIVIR

31 Dic

freedom-to-FLY

Emprender nuestra particular revolución personal, cambiar de vida, romper con el ritmo narcotizante de una existencia mecánica y repetitiva, intentar convertir nuestros sueños (por peregrinos que sean) en realidad, ¿no es esto en el fondo lo que la inmensa mayoría de nosotros deseamos? Ocurre que cuando todo alrededor presenta ya ese tono gris semejante al que se ve al mirar la luz con los ojos cerrados, estamos entrado en un túnel del que luego será muy difícil escapar: el del vacío, la monotonía y la resignación.

     Porque la cotidianidad teje lentamente su tela de araña atrapándonos sin remedio. En una época como la presente donde las personas se cosifican y las cosas se personalizan, no tenemos en realidad cosas, sino que éstas nos tienen a nosotros. Somos adictos a una auténtica droga dura llamada “necesidad de la aprobación ajena” que hace que vivir no sea verdaderamente vivir, sino aparentar: cuando sacrificamos la fidelidad a nosotros mismos por seguir vacuos convencionalismos sociales, cuando callamos lo que pensamos o sentimos, cuando buscamos quedar bien a cualquier precio o que nos den la falsa palmadita en la espalda, cuando nos obsesionamos con el qué dirán, etc.

     En cierto modo, cada cual vive su propia vida creyendo ilusoriamente que es diferente a la de los demás. En el momento en el que nos damos cuenta de que ello no es así, suele ser demasiado tarde, pues para entonces el hastío vital ha hecho presa en nosotros de forma inapelable.

           No es necesario, por tanto, recurrir a sesudos análisis socioeconómicos para explicar la cárcel invisible en la que quien más quien menos vive o, mejor dicho, vivimos. Basta pensar en los millones de personas que detestan su trabajo (“Estamos en trabajos que no queremos para comprar cosas que no necesitamos”, Tyler Durden dixit) pero que aun así viven con el miedo metido en el cuerpo ante la sola posibilidad de perderlo (admitámoslo: tenemos moral de esclavos) o en las millones de familias cuyos miembros se reducen a individuos que viven juntos sin apenas conocerse ni preocuparse los unos de los otros o en las millones de parejas que, ahogadas por esa “terapia conyugal” llamada TV, ni siquiera tienen fuerzas para cambiar el repertorio de sus insustanciales conversaciones y solo la indiferencia mutua parece mantener unidas.

            Es como si, condicionados por las circunstancias – en la disyuntiva planteada a la hora de elegir entre llevar una vida convencional o satisfacer nuestros más hondos deseos de realización personal, es menester reconocer que, por desgracia, dicha elección casi nunca depende de nosotros mismos, sino de la inevitable coyuntura – erráramos el camino y luego no fuéramos capaces siquiera de volver sobre nuestros propios pasos para evitar convertirnos en esa persona que jamás quisimos ser.

        Dicen que el tiempo es oro pero lo malgastamos como si fuese pura hojalata. Nos revestimos de vacua vanidad para hacer soportable una peripecia vital que transcurre la mayoría de las veces como un melancólico e insatisfactorio suspiro. Y lo peor es que únicamente valoramos lo que de verdad importa cuando lo hemos perdido para siempre.

    En luchar por nuestra supervivencia, cumplir expectativas materiales y perseguir vanas ambiciones se nos pasa la vida olvidando lo esencial de la misma: vivir. Porque el gran secreto de la vida está en eso, en vivirla, pues solo tenemos una. A poder ser y dentro de lo que cabe, como uno quiere, pues si uno no vive como hubiera querido, la vida no deja de ser un bien desperdiciado. Desde luego, lo peor que podemos hacer es renunciar a ser aquello que nos gustaría ser.

        Pensemos un poco en ello de cara al nuevo año que en pocas horas nos aguarda.

                                                                                              RICARDO HERRERAS

PD: un servidor quisiera, además de agradecer su fidelidad, desear a todos los lectores del blog unas felices fiestas navideñas y un próspero Año Nuevo 2018. Si Dios quiere, en febrero retomaré estos artículos dominicales. Hasta pronto.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: