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LUCIDEZ VERSUS OFUSCACIÓN

24 Dic

luz

Hay dos tipos básicos de turbación: la provocada por el paso de la oscuridad a la luz (es lo que llamaríamos “lucidez”) y la inversa, la producida por el paso de la luz a la oscuridad (que bien podríamos definir como “ofuscación”). El filósofo griego Platón, en su hermoso mito de la caverna  – donde aborda la visión de la naturaleza humana, la teoría de las ideas y el doloroso proceso mediante el cual se accede al conocimiento – aludió de algún modo a ello, dejando claro que el primer caso suponía abandonar el mundo de los espejismos para acceder al de la verdad (ahora estoy hablando de “LA VERDAD”, no de “MI VERDAD”, quede claro) de las cosas.

      Paradójicamente, la lucidez tiene algo de cegador (incluso de malditismo: ¿no era Lucifer el “ángel de la luz”?) y, bien pensado, no es que nos proteja precisamente de los aspectos digamos “negativos” de la realidad. Saber por qué estamos tristes nos hace menos idiotas, es cierto, pero no menos tristes. Eso explicaría el por qué los grandes pensadores, artistas, etc., de todos los tiempos han sido, además de personas altamente sensibles, por lo general seres pesimistas casi siempre inmersos en un fondo de amargura. En palabras del irreverente Charles Bukowski, “la tristeza es causada por la inteligencia”. Así las cosas, la lucidez podría parecer hasta una inteligencia inútil.

       Por otro lado, es muy probable que los seres humanos estemos en realidad poco preparados para la verdad al ser ésta normalmente dura, cruel, dolorosa e incluso demasiado lógica, venir las más de las veces envuelta en corrupción y en el fondo no dejar bien parado a casi nadie.

     Pero a pesar de todas estas “contraindicaciones”, el amor profesado al conocimiento es uno de los más hermosos por desinteresados y puros que existen y precisamente por ello merece la pena cultivarse, como el que le profesan todos los filósofos que se precien de auténticos (los cuales aman “saber por saber”) y no los impostores sofistas.

      Además, una vez que empiezas a saber, es muy complicado fingir que no sabes; al contrario, cuanto más conoces, más quieres conocer. Es algo parecido a beber agua salada: cuanta más bebes, más sed tienes. Hagan la prueba, sino.

      Tengamos en cuenta asimismo que, salvo improbables reencarnaciones, únicamente somos huéspedes circunstanciales del planeta tierra. De acuerdo con esta premisa – y aparte de intentar extraer aquellas cosas buenas de la vida, compartir nuestra felicidad interior (de existir, estará ahí dentro desde luego, no fuera) con los demás, no dejarse ganar por el mal y, en la medida de lo posible, evitar el dolor – convendría no cerrar los ojos a lo que acontece a nuestro alrededor, potenciar nuestra curiosidad natural, hacernos preguntas, cuestionarnos cosas…aunque solo sea para saber de qué va el “tinglado” que hemos montado aquí. En última instancia, lo mismo que la escasez de alimentos acaba con la salud del cuerpo, la escasez de conocimientos termina deteriorando la del alma.

            Creo que hay un dicho que reza “Cuanto menos se sabe, mejor se duerme”. Puede ser. Al fin y al cabo, cada cual es libre de elegir su particular opción vital, incluida su propia turbación. Pero personalmente debo decir que ésta en concreto no me resulta satisfactoria. Quizás porque, como con gran acierto escribió Baroja en El árbol de la ciencia, “A más conocer, corresponde menos desear”. Dicho de otra forma, se trata de conocer más y mejor para desechar lo superfluo amén de apreciar ya solamente aquello que merezca la pena.

      ¡Apuesto por ello! ¿Y ustedes?

RICARDO HERRERAS

 

 

 

 

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