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LOS KIM DE COREA

24 Sep

 

 corea

El verano ha estado calentito en el paralelo 38 (en puridad, la última frontera en este mundo hiperglobalizado y, sin lugar a dudas, uno de los puntos más calientes del planeta tierra) de la dividida península de Corea.

Si en enero de 2016, el más que totalitario, orwelliano, régimen norcoreano sacudía como un terremoto la escena geopolítica internacional con el supuesto ensayo de una bomba de hidrógeno en su ultrasecreta área de Kilju, a primeros de este mes de septiembre el mismo anunciaba a los cuatro vientos lo que en estos instantes tiene a todos los países del llamado “mundo libre” con la sangre en un puño: la realización con éxito de pruebas (las lecturas sísmicas de 6,3 en la escala de Richter indicaron que han sido más potentes que cualquiera de las otras realizadas con anterioridad) llevadas a cabo con una bomba nuclear miniaturizada lista para ser instalada en un misil balístico intercontinental.

Por no hablar de los a estas alturas casi habituales lanzamientos de misiles convencionales que sobrevuelan (uno de ellos, para más inri, aprovechando la estancia del primer ministro nipón Shinzo Abe en los Estados Unidos) una semana sí y otra también el espacio aéreo japonés o el asesinato de Kim Jong-nam, hermanastro del “brillante camarada” y actual líder máximo de la República Popular Democrática de Corea Kim Jong-un, por dos mujeres en el aeropuerto de la capital de Malasia, Kuala Lumpur, a finales de febrero, rocambolesco episodio en el que todo apunta a que podrían estar detrás la larga mano de los servicios secretos del hermético país comunista.

Si bien la llamada Guerra Fría finalizó oficialmente a comienzos de los años 90´ del pasado siglo, lo cierto es que en Corea las cosas continúan tan calientes (sino más) como hace 60 años, con el desaforado Trump ahora en el papel de Harry S. Truman o Dwight D. Eisenhower y el pequeño, rechoncho y carialegre Kim Jong-un haciendo lo propio con el de Iosif Stalin. Éste último, lejos de ser un risible lunático como a menudo nos lo pinta la prensa de por aquí es, como lo era su padre, el extraño Kim Jong-il, y antes su abuelo, el carismático Kim Il-sung, heredero directo de una saga de autócratas para los que el “padrecito” soviético sigue siendo el referente fundamental, el último ortodoxo puro y duro del marxismo leninismo, un hábil jugador de póker que, aunque la economía de su depauperado país esté literalmente hecha unos zorros, se lo pasa como un auténtico enano (nunca mejor dicho) desquiciando a unos (USA), pisando los callos a otros (Japón, Corea del Sur) e intentando forzar al final a todos (comunidad internacional) a sentarse a la mesa de negociaciones por mor de su mastodóntico ejército e incipiente arsenal atómico.

Así las cosas USA y sus aliados se abstendrán (al menos, eso creo: lo contrario podría ser suicida) muy mucho de tocar demasiado las pelotas pese a las bravatas y duras sanciones. No olvidemos que detrás, asomando la cabeza, están China y Rusia, los cuales no pierden ripio de lo que está sucediendo debido a su pugna geoestratégica con el coloso estadounidense, y ambos, aunque un poco preocupados por el desafío nuclear del mandatario estalinista, a buen seguro que no se tomarán de buen grado que se trastoque el colchón fronterizo norcoreano, so pena de quedar con el culo al aire frente a la todopoderosa flota norteamericana anclada en el mar del Japón.

Que nadie se equivoque al respecto: Corea del Norte no es Irak, Libia o Siria. Ni tan siquiera Irán. Tampoco los líderes de esta  sui generis monarquía roja son Saddam, Gaddafi o Assad. Los imprevisibles Kim de Corea no se andan con bromas. No ya es que jueguen con fuego, es que juegan con armas termonucleares. Casi nada al aparato. Así que cuidadín…

 

                                                                       RICARDO HERRERAS