ETIQUETAS

2 Sep

El DRAE define el concepto “etiqueta” como “calificación estereotipada y simplificadora”. Desgraciadamente, el hombre tiene esa dañina tendencia social a etiquetar al prójimo, dañina hasta el extremo de justificar guerras ( etiquetas del tipo “Perro infiel”, “Moro de mierda”, “Rojo”, “Facha”…), el sexismo ( “zorras”, “cerdos”…), o el acoso escolar ( “rarito”, “pringao”…). Sobre cada una de estas etiquetas, que regularmente copan las portadas de los sensacionalistas medios de comunicación actuales, se ha escrito ya largo y tendido. Hablaremos ahora de otro tipo de etiquetas: las que fomentan, cuando no imponen directamente, las instituciones públicas, caso de Ministerios de Salud o de Educación, en su obsesión por cuidar nuestra salud.

A poco que oigamos alguna noticia sobre educación, oiremos un sinfín de tecnicismos, entendidos éstos como palabrejas o acrónimos que suenan muy científicos, casi ininteligibles para la mayoría, aunque muchas veces la base científica tras ellos sea discutible o nula: Transtorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, Transtorno Negativista Desafiante, Retraso madurativo, Obesidad mórbida, Border line, Sociópata…toda una serie de etiquetas en las que el Estado -o lo que queda de él tras ceder nuestra soberanía a las comisiones de “sabios” europeos, que redactan las directrices europeas en materia sanitaria o educativa- pretende encasillar, por no decir encarcelar, a los ciudadanos. Y pretenden hacerlo desde la niñez, para que ninguno pueda escapar al proceso de estandarización, que supuestamente dará ciudadanos mas saludables física y mentalmente, para poder ahorrar dinero en sanidad y educación públicas; además de para proporcionar a las empresas privadas una mano de obra eficiente y obediente.

Tomemos como primer ejemplo el ya famoso TDAH, el  Transtorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, definido como un trastorno crónico del desarrollo frecuentemente diagnosticado en la infancia y que puede persistir en la edad adulta; que se caracteriza por distracción, hiperactividad (inquietud motora) y comportamiento impulsivo1…resumiendo: cualquier niño que no atienda al maestro o al que le guste correr, saltar y gritar, puede ser diagnosticado de TDAH. La OMS ya ha dado la alarma por el sobre-diagnóstico de  TDAH, que “…convierte a las personas en enfermos sin […] serlo y conduce a tratamientos que solo pueden causar daño […] dado que todas las intervenciones farmacológicas tienen efectos secundarios”2. Además, hay que considerar el estigma social y psicológico para el niño, y los problemas que causa en la familia y la escuela, donde maestros y padres se han convertido simultáneamente en víctimas del problema, al tener que lidiar con problemas de comportamiento cuyo remedio requiere la intervención de un especialista; y en promotores, puesto que los informes que contribuyen a redactar los primeros -sin estar cualificados para ello- y el sobreproteccionismo de los segundos hacia sus hijos, son uno de los principales factores del sobre-diagnóstico. Como señalan muchos pediatras y psiquiatras, aunque hoy día es casi imposible demostrar que el TDAH no es una enfermedad mental, es todavía imposible demostrar con certeza que sí lo es, al carecer aún de una prueba diagnóstica específica, por no hablar del hecho de que muchos de sus síntomas se superponen con los producidos por enfermedades exclusivamente físicas como el hipertiroidismo, la enfermedad celíaca, alergia al gluten, trastornos del sueño…o por simple ansiedad originada en factores ambientales. Considerando que el sobre-diagnóstico ha llegado en algunos países como USA al 22%, resulta evidente que origina muchos beneficios económicos al medicar a personas sanas. Como es habitual, en España vamos por el mismo camino, dado que copiamos todas las estupideces que vemos en el extranjero, mas concretamente en el mundo anglosajón. Habría que analizar también el papel del Gobierno, responsable de la legislación en la materia -incluyendo los protocolos de actuación de escuelas y hospitales-, así como de los propios médicos, y de la industria farmacológica, y su legión de visitadores médicos -un empleo que en mi opinión debería estar prohibido-.

Tal parece que en esta sociedad tan democrática, se considera mas humanitario inflar de pastillas a un niño, que darle un sopapo cuando se pone muy pesado, como se hizo desde los tiempos mas remotos, sin mayores consecuencias para la salud del niño. A quien considere políticamente incorrecta esta opinión mía, le recomiendo que lea los artículos al respecto del Juez de Menores de Granada, Don Emilio Calatayud, que de esos temas tiene información de primera mano.

Otro tanto ocurre con el  Transtorno Negativista Desafiante, descrito como un “patrón continuo de comportamiento desobediente, hostil y desafiante hacia las figuras de autoridad, el cual va más allá de la conducta infantil normal”3.  Con una definición tan laxa, y entrando a discutir qué se considera “conducta infantil normal”, se le puede colgar este San Benito a cualquier niño que se empeñe en desobedecer por cualquier causa, desde ansiedad hasta malos ejemplos de la propia familia y la propia sociedad -caso de los repugnantes reality shows que inundan la TV, las ridículas series del Disney Channel en que se muestra un mundo la revés, dónde los niños de trece años son mas listos y capaces que sus profesores y padres; o las series animadas que hacen de la violencia motivo de risa al estilo del slapstick yanqui, ésto es, el humor de golpe y porrazo-.

Como las etiquetas psicológicas no parecían ser suficientes, se ha añadido al proceso de etiquetado categorías físicas como Obesidad mórbida, que ha derivado en el incremento del acoso escolar contra los niños obesos; y para martirizar a los niños ya desde la guardería, el llamado Retraso madurativo, una hipótesis aún no probada, según la cual las funciones cognitivas responsables del desarrollo del lenguaje, la lectura y otras conductas complejas tienen una organización jerárquica; y que los niveles jerárquicos se desarrollan de forma secuencial en el transcurso del crecimiento. Esta hipótesis pretende explicar las dificultades en el aprendizaje basándose únicamente en el enlentecimiento del desarrollo de las conexiones nerviosas, ignorando factores genéticos (hay personas mas longevas que crecen mas despacio), ambientales y sociales.

Podemos concluir por tanto, que estamos haciendo un daño irreparable a generaciones enteras, debido al afán de lucro de unos, a la imposición ideológica de otros, y a la estupidez de una sociedad supuestamente democrática y avanzada; pero que permite que se experimente con niños aplicando teorías no validadas o directamente pseudocientíficas.

 

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1Volumen IV del Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría.

2 García Peñas JJ, Domínguez Carral J. ¿Existe un sobrediagnóstico del trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH)? Evidencias Pediátricas 2012;8:51.

3Volumen IV del Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría.

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AQUILINO SANTAMARTA

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