Archivo | septiembre, 2017

CATALUÑA IS NOT SPAIN?

30 Sep

  catalonia Spain

La verdad es que no pensaba abordar en este blog la que se está liando en Cataluña. Al menos no hasta que días atrás alguien me mandó muy ufano un mensaje instándome a colocar nuestra bandera nacional como “avatar” en una archiconocida aplicación telefónica. Admito que, al teclear estas letras, no tengo ni la menor idea de lo que pasará el domingo 1 de octubre, ni tampoco de cómo acabará este follón ni mucho menos cuál podrá ser su solución si es que la tiene ya. Sólo estoy seguro de una cosa: quién crea que, tras años de dejación de funciones por parte del estado español, se va a hacer frente ahora al desafío soberanista sacando simplemente a pasear la “Marca España” (mezcla de lo más casposo de los tiempos del tipismo ñoño con la impostada pijo-modernidad-fashion del presente) lo lleva claro.

Y es que nos puede gustar más o menos pero negar que el sentimiento independentista resulta, en la actualidad, una evidencia objetiva, palpable y extendida en amplias capas, ámbitos profesionales e ideológicos de la sociedad catalana sería absurdo. Otra cosa es que dicha evidencia – instrumentalizada de forma descarada por unos (los nacionalistas) y torpemente manejada cuando no consentida por otros (el PP especialmente, pero también el PSOE) a causa de bastardos intereses electoralistas – se haya convertido hoy en una bomba de relojería para un régimen del 78´ que lleva no precisamente poco tiempo dando claros síntomas de agotamiento.

A mí modo de ver, el despropósito de los últimos meses en ese “país pequeñito de ahí arriba” (Guardiola dixit) bien podría entenderse como una más de las muchas consecuencias finales provocadas por las frustraciones (y errores garrafales: lo de no delimitar con claridad meridiana y sin ambages las competencias autonómicas desde el primer momento se le debió de ocurrir al primo del que asó la manteca) que se han ido acumulando desde aquél meritorio pero imperfecto proceso iniciado en 1975, cuyos únicos beneficiarios reales han sido quienes lo afrontaron desde el principio con las cartas marcadas: los oportunistas del tardofranquismo hábilmente reconvertidos en demócratas; la entonces oposición, incapaz de derribar al dictador pero ansiosa por “pillar cacho” accediendo a puestos de poder y hoy devenida en una de las más corruptas partitocracias de Europa; y sobre todo la oligarquía, tanto la centralista como la periférica.

Justo quiénes, entendiéndose en lo básico (reformas laborales lesivas para los trabajadores, recortes sociales, privatizaciones) por debajo de los hasta ahora enfrentamientos retóricos, se han dedicado (haciendo buena la archiconocida cita de Samuel Johnson de que “el patriotismo es el último refugio de los canallas”) a esquilmarnos durante las últimas cuatro décadas en un descomunal saqueo que ha terminado resultando nocivo para los intereses de todos. Bien mirado, la única diferencia entre los unos envueltos en banderas rojigualdas y los otros en enseñas esteladas estriba en los paraísos fiscales a donde se han llevado la pasta trincada a los ciudadanos de aquí y de allí con total felonía e impunidad, a Suiza los primeros, a Andorra los segundos.

Así pues, la deriva soberanista alentada en las provincias catalanas por unos políticos tan desvergonzados (Artur Mas y los suyos, los cuáles, acorralados en los tribunales por el 3%, aspiran a que una hipotética Catalunya lliure les otorgue inmunidad judicial) como demagogos (la Esquerra y la CUP, cuyo pretendido objetivo último con la independencia sería dinamitar el actual statu quo y proclamar la República, algo que estaría por ver que ocurriera sin enfrentamiento) empeñados en una suicida huida hacia adelante, no es sólo culpa de los mismos. Ni mucho menos. También lo es de quiénes durante tanto tiempo han mirado para otro lado, han consentido por interés cortoplacista o no se han atrevido a aplicar las leyes vigentes.

Conviene, pues, no caer en el forofismo. Preguntémonos, en cambio, por qué más de 40 años después del fin del régimen de Franco seguimos sin resolver nuestras tres grandes asignaturas históricas pendientes, a saber, construir una cultura verdaderamente democrática, edificar una sociedad con mayor igualdad social y lograr un encaje nacional satisfactorio para todos los territorios que integran nuestro país. Porque, en el fondo, el problema radica precisamente ahí, en la ausencia de un proyecto nacional justo, sólido y acogedor para TODOS. Ahí le duele. Un problema crónico que arrastramos desde el siglo XIX como poco y que la creación en su momento de 17 CC.AA. (el nefasto y aberrante “café para todos”) lejos de solucionarlo, lo ha acentuado.

Sí, definitivamente la vieja nación española, tal y como ahora está configurada, camina desnuda, no lleva ningún traje que la haga lo suficientemente atractiva y defendible para su mayoría de desengañados y sufridos hijos. España hoy sólo es un gran cortijo donde las grandes familias oligárquico-partitocráticas del centro y de la periferia (los de siempre, vamos) se llenan los bolsillos a manos llenas mientras el resto, los de abajo, cuando vienen mal dadas, solo nos queda como recurso emigrar o, peor aún, matarnos en guerras fratricidas sinsentido azuzadas por aquéllos.

¿Y digo yo que ya está bien, no?

 

 

                                                                                  RICARDO HERRERAS

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LOS KIM DE COREA

24 Sep

 

 corea

El verano ha estado calentito en el paralelo 38 (en puridad, la última frontera en este mundo hiperglobalizado y, sin lugar a dudas, uno de los puntos más calientes del planeta tierra) de la dividida península de Corea.

Si en enero de 2016, el más que totalitario, orwelliano, régimen norcoreano sacudía como un terremoto la escena geopolítica internacional con el supuesto ensayo de una bomba de hidrógeno en su ultrasecreta área de Kilju, a primeros de este mes de septiembre el mismo anunciaba a los cuatro vientos lo que en estos instantes tiene a todos los países del llamado “mundo libre” con la sangre en un puño: la realización con éxito de pruebas (las lecturas sísmicas de 6,3 en la escala de Richter indicaron que han sido más potentes que cualquiera de las otras realizadas con anterioridad) llevadas a cabo con una bomba nuclear miniaturizada lista para ser instalada en un misil balístico intercontinental.

Por no hablar de los a estas alturas casi habituales lanzamientos de misiles convencionales que sobrevuelan (uno de ellos, para más inri, aprovechando la estancia del primer ministro nipón Shinzo Abe en los Estados Unidos) una semana sí y otra también el espacio aéreo japonés o el asesinato de Kim Jong-nam, hermanastro del “brillante camarada” y actual líder máximo de la República Popular Democrática de Corea Kim Jong-un, por dos mujeres en el aeropuerto de la capital de Malasia, Kuala Lumpur, a finales de febrero, rocambolesco episodio en el que todo apunta a que podrían estar detrás la larga mano de los servicios secretos del hermético país comunista.

Si bien la llamada Guerra Fría finalizó oficialmente a comienzos de los años 90´ del pasado siglo, lo cierto es que en Corea las cosas continúan tan calientes (sino más) como hace 60 años, con el desaforado Trump ahora en el papel de Harry S. Truman o Dwight D. Eisenhower y el pequeño, rechoncho y carialegre Kim Jong-un haciendo lo propio con el de Iosif Stalin. Éste último, lejos de ser un risible lunático como a menudo nos lo pinta la prensa de por aquí es, como lo era su padre, el extraño Kim Jong-il, y antes su abuelo, el carismático Kim Il-sung, heredero directo de una saga de autócratas para los que el “padrecito” soviético sigue siendo el referente fundamental, el último ortodoxo puro y duro del marxismo leninismo, un hábil jugador de póker que, aunque la economía de su depauperado país esté literalmente hecha unos zorros, se lo pasa como un auténtico enano (nunca mejor dicho) desquiciando a unos (USA), pisando los callos a otros (Japón, Corea del Sur) e intentando forzar al final a todos (comunidad internacional) a sentarse a la mesa de negociaciones por mor de su mastodóntico ejército e incipiente arsenal atómico.

Así las cosas USA y sus aliados se abstendrán (al menos, eso creo: lo contrario podría ser suicida) muy mucho de tocar demasiado las pelotas pese a las bravatas y duras sanciones. No olvidemos que detrás, asomando la cabeza, están China y Rusia, los cuales no pierden ripio de lo que está sucediendo debido a su pugna geoestratégica con el coloso estadounidense, y ambos, aunque un poco preocupados por el desafío nuclear del mandatario estalinista, a buen seguro que no se tomarán de buen grado que se trastoque el colchón fronterizo norcoreano, so pena de quedar con el culo al aire frente a la todopoderosa flota norteamericana anclada en el mar del Japón.

Que nadie se equivoque al respecto: Corea del Norte no es Irak, Libia o Siria. Ni tan siquiera Irán. Tampoco los líderes de esta  sui generis monarquía roja son Saddam, Gaddafi o Assad. Los imprevisibles Kim de Corea no se andan con bromas. No ya es que jueguen con fuego, es que juegan con armas termonucleares. Casi nada al aparato. Así que cuidadín…

 

                                                                       RICARDO HERRERAS

 

 

 

 

CATALUÑA. Introducir el respeto en la conversación

14 Sep

de https://ELPAIS.COM/elpais/2017/09/08/opinion/1504879209_979002.html?id_externo_rsoc=FB_CC

Cataluña

Se trata de introducir el respeto en la conversación

Multitudinaria manifestación celebrando la Diada de Cataluña, en Barcelona. ALBERT GARCÍA / ATLAS

Cuando alguien dice que se va es que ya se ha ido. Una frase que se atribuye a Julio Cortázar y que se puede aplicar a todos esos catalanes que ya han desconectado de España hace tiempo, y que ocurra lo que ocurra no volverán a ser españoles independientemente de lo que diga su DNI. Así que ya no tiene sentido discutir una vez tras otra si la culpa de ello la tienen los que alentaron en sus conciencias la hispanofobia desde pequeños o los que desde España promovieron el boicoteo a los productos catalanes y a Piqué, quienes con intención acuñaron la supremacista frase de Espanya ens roba (España nos roba) o quienes con igual objetivo acusan a los catalanes de insolidarios y egoístas como si todo se resumiera en un asunto económico. Pero, dado que muchos catalanes, la mitad más o menos, como los otros, no comparten su sentimiento de independencia, habrá que ver qué se hace para que unos y otros tengan iguales derechos y los puedan disfrutar con libertad. Decir esto es algo tan de Perogrullo que casi uno se avergüenza de tener que hacerlo.

Me temo, sin embargo, que tal como están las cosas y al punto al que se ha llegado cualquier mensaje de conciliación no sólo caerá en saco roto sino que despertará entre los más ariscos de ambas opiniones respuestas agrias y hasta insultantes contra lo que considerarán equidistancia o, peor, ambigüedad, lo cual no es cierto, al contrario: se trata de introducir el respeto en la conversación, puesto que sin respeto no se puede hablar y mucho menos convivir. Y se pongan como se pongan los catalanes de un signo y otro tendrán que convivir pase lo que pase, entre ellos y con los españoles, salvo que quieran convertirse en otra Venezuela, cosa que no les deseo ni me imagino.

En el momento actual nadie sabe qué pasará en Cataluña ni como rodarán las cosas a partir del 1 de octubre, fecha de un referéndum anticonstitucional pero que la mayoría de los catalanes reclama cada vez con más insistencia (no son los únicos, dicho sea de paso). En una democracia la aplicación de la ley es un principio sine qua non, pero las leyes se pueden cambiar, puesto que están al servicio de los ciudadanos y no al revés. En su preámbulo a La guerra civil española, el británico Antony Beevor afirma que los principales problemas a los que el Gobierno de la Segunda República se enfrentó eran la reforma agraria, las relaciones con el Ejército y con la Iglesia y el separatismo catalán y vasco. No puede ser que un siglo después sigamos en el mismo sitio.

La sucesión de Alfonso VII, rey de León y de Castilla

4 Sep

de  https://CURIOSIDADESDELAHISTORIABLOG.COM/2017/03/25/la-sucesion-de-alfonso-vii-de-castilla-y-leon/

 

Alfonso VII había subido al trono en 1126, a la muerte de su madre doña Urraca. Los primeros años de su reinado estuvieron marcados por las luchas con el antiguo esposo de su madre, el rey de Aragón Alfonso I el Batallador. Parte de la contienda entre ambos monarcas implicaba la disputa por el título (honorífico más que real) de Imperator Totius Hispaniae, que pretendía denotar una simbólica condición de heredero de la vieja monarquía visigoda. El aragonés utilizó este título hasta su muerte en 1134 y el castellano se hizo coronar emperador en León el 26 de marzo de 1135.

De los extensos territorios gobernados por Alfonso VII, él se reservó el gobierno directo del reino de León, mientras que delegaba el del resto de sus posesiones sin poner trabas a que quienes le representaban en las mismas ostentasen el título de rey, siempre y cuando le rindieran vasallaje. Así lo hizo con su primo Alfonso Henriques en Portugal en 1143, con su hija natural Urraca en Asturias en 1150 o con sus hijos y herederos Sancho y Fernando, que ya en 1148 aparecen en Sahagún citados como reyes, aunque sin asignación de territorio. Todos ellos, eso sí, bajo la dependencia y autoridad del emperador Alfonso VII.

A partir de 1149 Sancho ejerce como rey de Nájera y se le fueron concediendo tierras en La Rioja, Soria, Castilla, Valladolid, Carrión y Saldaña. Su hermano Fernando figura también en esa época como rey de Galicia. Esto demuestra que Alfonso VII tenía pensado ya desde entonces dividir su reino entre sus dos hijos. Y esta decisión se hizo efectiva cuando el emperador falleció el 21 de julio de 1157. En palabras de Lucas de Tuy «a Sancho le dio la belicosa Castilla, a Fernando la fiel León y Galicia».

La herencia de Sancho III incluía toda Castilla, con Ávila, Segovia, la Trasierra, la Tierra de Campos hasta Sahagún, las Asturias de Santillana y el reino de Toledo. La de Fernando, León, Galicia, Portugal, Toro y Zamora, así como la Asturias gobernada por su hermana Urraca. La frontera entre ambos reinos, según Rodrigo Jiménez de Rada «estaba formada por la Calzada de la Plata, que era  llamada también de Guinea».

La inclusión de Toledo en la herencia de Sancho implicaba el reconocimiento de la preeminencia del reino castellano (muy ampliado en sus posesiones respecto del original condado de Castilla de Fernán González) frente al de León, tanto en lo político como en lo militar (especialmente en la expansión territorial en las tierras bajo dominio árabe). Y la división de ambos reinos significaba la renuncia al sueño imperial que Alfonso VII había perseguido durante buena parte de su vida.

Casi un año después del fallecimiento de su padre, en 1158 Sancho III había realizado un acercamiento a su hermano Fernando II de León, que se plasmó en el tratado de Sahagún, por el que ambos se reconocieron mutuamente como herederos en el supuesto de fallecer sin descendencia. También acordaron devolver al redil al rebelde reino de Portugal y repartirse el mismo y definieron las respectivas áreas de conquista de los dominios musulmanes.

Pero la pujanza del nuevo reino castellano se vio seriamente amenazada cuando solo un año después que su padre, el 31 de julio de 1158, falleció Sancho III. Su esposa, Blanca de Navarra, había muerto en 1156, y del matrimonio solo vivía un hijo, de apenas dos años y medio de edad. El infante Alfonso VIII heredó el trono de su padre, pero la situación no podía ser más compleja. En su lecho de muerte, Sancho III designó como tutor de su hijo a don Gutierre Fernández de Castro para que se encargase de la regencia de Castilla y la educación del rey hasta su mayoría de edad al cumplir los quince años. También dejó previsto que hasta ese momento los principales señores del reino mantuviesen intactas sus posesiones, tratando así de garantizar su apoyo al nuevo rey.

Poco después don Gutierre, que pertenecía a la importante familia castellana de los Castro,  cedió la regencia del reino y la custodia del rey al cabeza de la poderosísima casa de los Lara, don Manrique, a cambio de la promesa de que ambas le serían devueltas si lo solicitaba. Don Manrique ejerció personalmente la regencia y cedió la custodia del rey a su hermanastro don García de Aza.

En 1160, ante el que consideraba abusivo gobierno de los Lara, don Gutierre reclamó que le fueran devueltas la custodia del niño rey y la regencia de Castilla, pero los Lara se negaron y don Manrique se hizo de manera directa con la custodia de Alfonso VIII. Esto produjo un enfrentamiento entre las familias Lara y Castro y mientras los primeros consolidaban su dominio de Castilla, los segundos solicitaron ayuda al rey de León y tío del niño, Fernando II.

En el año 1162 la ciudad de Salamanca se había sublevado contra Fernando II y los salmantinos encontraron el apoyo de las milicias de Ávila, que dependía de Manrique de Lara. El rey leonés se enfrentó a ambas fuerzas y las derroto en la batalla de Valmuza en junio de 1162. A continuación entró en Castilla junto con dos miembros de la familia Castro (Fernando y Álvaro) y tomó diversas plazas, entre ellas Segovia y Toledo. Manrique de Lara se retiró a Soria con Alfonso VIII.

La situación política y económica de Manrique había empeorado notablemente con las conquistas de Fernando II y no le quedó más remedio que ceder a las pretensiones del rey leonés, que obtuvo la tutela de Alfonso VIII hasta su mayoría de edad, aunque el niño permaneció en Soria, aún bajo la custodia de Manrique de Lara. Fernando II viajó a la ciudad soriana exigiendo que el rey castellano le jurara vasallaje, pero los Lara organizaron la huida del niño hacia San Esteban de Gormaz y desde allí a Atienza, donde Nuño de Lara anunció que se negaba a entregar al rey a Fernando II y a cumplir lo acordado con él. El leonés acusó de perjuro y retó a Manrique, pero este contestó que su principal deber era asegurar la independencia del rey de Castilla. Fernando II regresó brevemente a León, pero no se olvidó del problema castellano y mantuvo su dominio en parte del territorio de Castilla a través de Fernando de Castro.

Manrique de Lara se dispuso a librar de la influencia del leonés a Castilla y se dirigió a atacar en primer lugar la localidad de Huete. Pero allí acudió Fernando de Castro y sus tropas derrotaron a las de Manrique, que encontró la muerte en la batalla. La dirección de la casa de Lara y la regencia de Castilla fue asumida por su hermano Nuño, que instaló a Alfonso VIII en Ávila. La regencia de Nuño estuvo marcada por diversos enfrentamientos y reconciliaciones con los Castro, mientras que Fernando II de León parecía haberse desentendido de Castilla. Tras tomar Toledo en 1166 en compañía de Alfonso VIII, se afianzó el poder de Nuño de Lara y decayó la influencia de Fernando de Castro.

En los años siguientes Nuño supo ganarse la confianza de su pupilo Alfonso VIII, que a principios del año 1169 llegó a acudir personalmente a liberar a su tutor que había sido encarcelado en Zurita. Tan es así, que cuando Alfonso VIII alcanzó la edad de catorce años señalada en el testamento de su padre Sancho III para hacerse cargo del gobierno, siguió manteniendo a la cabeza del gobierno a Nuño de Lara hasta su muerte en 1178.

Alfonso VIII había sobrevivido a la complicada situación en la que había heredado la corona y celebró su mayoría de edad y tomó posesión efectiva del trono el 11 de noviembre de 1169 en Burgos. A pesar de las adversas circunstancias en que se había encontrado desde sus dos años de edad, Alfonso VIII fue el rey que más años ciñó la corona de Castilla (cincuenta y seis), participó en decisivos enfrentamientos contra los musulmanes (con derrotas dolorosas como Alarcos y grandes victorias como las Navas de Tolosa), fundó junto a su esposa Leonor Plantagenet el Monasterio de Las Huelgas y puso los cimientos para la reunificación de las coronas de Castilla y León… pero esa es otra historia.

Imagen| Wikimedia commons

Fuentes| Gonzalo Martínez Díez. Alfonso VIII, rey de Castilla y Toledo (1158-1214).

ETIQUETAS

2 Sep

El DRAE define el concepto “etiqueta” como “calificación estereotipada y simplificadora”. Desgraciadamente, el hombre tiene esa dañina tendencia social a etiquetar al prójimo, dañina hasta el extremo de justificar guerras ( etiquetas del tipo “Perro infiel”, “Moro de mierda”, “Rojo”, “Facha”…), el sexismo ( “zorras”, “cerdos”…), o el acoso escolar ( “rarito”, “pringao”…). Sobre cada una de estas etiquetas, que regularmente copan las portadas de los sensacionalistas medios de comunicación actuales, se ha escrito ya largo y tendido. Hablaremos ahora de otro tipo de etiquetas: las que fomentan, cuando no imponen directamente, las instituciones públicas, caso de Ministerios de Salud o de Educación, en su obsesión por cuidar nuestra salud.

A poco que oigamos alguna noticia sobre educación, oiremos un sinfín de tecnicismos, entendidos éstos como palabrejas o acrónimos que suenan muy científicos, casi ininteligibles para la mayoría, aunque muchas veces la base científica tras ellos sea discutible o nula: Transtorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, Transtorno Negativista Desafiante, Retraso madurativo, Obesidad mórbida, Border line, Sociópata…toda una serie de etiquetas en las que el Estado -o lo que queda de él tras ceder nuestra soberanía a las comisiones de “sabios” europeos, que redactan las directrices europeas en materia sanitaria o educativa- pretende encasillar, por no decir encarcelar, a los ciudadanos. Y pretenden hacerlo desde la niñez, para que ninguno pueda escapar al proceso de estandarización, que supuestamente dará ciudadanos mas saludables física y mentalmente, para poder ahorrar dinero en sanidad y educación públicas; además de para proporcionar a las empresas privadas una mano de obra eficiente y obediente.

Tomemos como primer ejemplo el ya famoso TDAH, el  Transtorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, definido como un trastorno crónico del desarrollo frecuentemente diagnosticado en la infancia y que puede persistir en la edad adulta; que se caracteriza por distracción, hiperactividad (inquietud motora) y comportamiento impulsivo1…resumiendo: cualquier niño que no atienda al maestro o al que le guste correr, saltar y gritar, puede ser diagnosticado de TDAH. La OMS ya ha dado la alarma por el sobre-diagnóstico de  TDAH, que “…convierte a las personas en enfermos sin […] serlo y conduce a tratamientos que solo pueden causar daño […] dado que todas las intervenciones farmacológicas tienen efectos secundarios”2. Además, hay que considerar el estigma social y psicológico para el niño, y los problemas que causa en la familia y la escuela, donde maestros y padres se han convertido simultáneamente en víctimas del problema, al tener que lidiar con problemas de comportamiento cuyo remedio requiere la intervención de un especialista; y en promotores, puesto que los informes que contribuyen a redactar los primeros -sin estar cualificados para ello- y el sobreproteccionismo de los segundos hacia sus hijos, son uno de los principales factores del sobre-diagnóstico. Como señalan muchos pediatras y psiquiatras, aunque hoy día es casi imposible demostrar que el TDAH no es una enfermedad mental, es todavía imposible demostrar con certeza que sí lo es, al carecer aún de una prueba diagnóstica específica, por no hablar del hecho de que muchos de sus síntomas se superponen con los producidos por enfermedades exclusivamente físicas como el hipertiroidismo, la enfermedad celíaca, alergia al gluten, trastornos del sueño…o por simple ansiedad originada en factores ambientales. Considerando que el sobre-diagnóstico ha llegado en algunos países como USA al 22%, resulta evidente que origina muchos beneficios económicos al medicar a personas sanas. Como es habitual, en España vamos por el mismo camino, dado que copiamos todas las estupideces que vemos en el extranjero, mas concretamente en el mundo anglosajón. Habría que analizar también el papel del Gobierno, responsable de la legislación en la materia -incluyendo los protocolos de actuación de escuelas y hospitales-, así como de los propios médicos, y de la industria farmacológica, y su legión de visitadores médicos -un empleo que en mi opinión debería estar prohibido-.

Tal parece que en esta sociedad tan democrática, se considera mas humanitario inflar de pastillas a un niño, que darle un sopapo cuando se pone muy pesado, como se hizo desde los tiempos mas remotos, sin mayores consecuencias para la salud del niño. A quien considere políticamente incorrecta esta opinión mía, le recomiendo que lea los artículos al respecto del Juez de Menores de Granada, Don Emilio Calatayud, que de esos temas tiene información de primera mano.

Otro tanto ocurre con el  Transtorno Negativista Desafiante, descrito como un “patrón continuo de comportamiento desobediente, hostil y desafiante hacia las figuras de autoridad, el cual va más allá de la conducta infantil normal”3.  Con una definición tan laxa, y entrando a discutir qué se considera “conducta infantil normal”, se le puede colgar este San Benito a cualquier niño que se empeñe en desobedecer por cualquier causa, desde ansiedad hasta malos ejemplos de la propia familia y la propia sociedad -caso de los repugnantes reality shows que inundan la TV, las ridículas series del Disney Channel en que se muestra un mundo la revés, dónde los niños de trece años son mas listos y capaces que sus profesores y padres; o las series animadas que hacen de la violencia motivo de risa al estilo del slapstick yanqui, ésto es, el humor de golpe y porrazo-.

Como las etiquetas psicológicas no parecían ser suficientes, se ha añadido al proceso de etiquetado categorías físicas como Obesidad mórbida, que ha derivado en el incremento del acoso escolar contra los niños obesos; y para martirizar a los niños ya desde la guardería, el llamado Retraso madurativo, una hipótesis aún no probada, según la cual las funciones cognitivas responsables del desarrollo del lenguaje, la lectura y otras conductas complejas tienen una organización jerárquica; y que los niveles jerárquicos se desarrollan de forma secuencial en el transcurso del crecimiento. Esta hipótesis pretende explicar las dificultades en el aprendizaje basándose únicamente en el enlentecimiento del desarrollo de las conexiones nerviosas, ignorando factores genéticos (hay personas mas longevas que crecen mas despacio), ambientales y sociales.

Podemos concluir por tanto, que estamos haciendo un daño irreparable a generaciones enteras, debido al afán de lucro de unos, a la imposición ideológica de otros, y a la estupidez de una sociedad supuestamente democrática y avanzada; pero que permite que se experimente con niños aplicando teorías no validadas o directamente pseudocientíficas.

 

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1Volumen IV del Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría.

2 García Peñas JJ, Domínguez Carral J. ¿Existe un sobrediagnóstico del trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH)? Evidencias Pediátricas 2012;8:51.

3Volumen IV del Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría.

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AQUILINO SANTAMARTA