PONLE FRENO…PONLE SENTIDO COMÚN

26 Jul

 

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            Salgo de la rotonda de La Lastra en dirección al Mercadona, hacia la espeluznante micro-rotonda con la que el promotor inmobiliario de turno hizo negocio, convenciendo al Ilustrísimo Ayuntamiento de León de la necesidad de congestionar aún mas el tráfico rodado y, de paso, aumentar la siniestralidad automovilística, sustituyendo un ordenado paso de tráfico, con un carril hacia cada dirección posible -aunque con mala visibilidad por la avispada intuición de algún ingeniero o funcionario intelectualmente superdotado, al poner un contenedor de basura justo en medio de la línea de visión de los conductores que vienen desde La Lastra- por un mini-Escalestrix, donde tienes tiempo de sobra para estrellarte contra otro vehículo antes de poner segunda. El tramo La Lastra-Puente Castro por la calle Los Aluches, tiene dos carriles para el mismo sentido de circulación. El coche que tengo delante apenas circula a cuarenta -la velocidad máxima permitida en zona urbana es, con carácter general, cincuenta- y al fijarme en el conductor, veo que es un anciano: circula como debe hacerlo por la condición de su edad, con prudencia y más despacio, porque sabe que sus reflejos ya no son tan agudos como antes. Señalizo y adelanto…y dejo de acelerar porque veo venir de frente hacia mí, tres ciclistas circulando en dirección contraria…una niña de unos catorce años, un chico de unos dieciséis, y un “adulto” de unos cincuenta. Los tres con el mismo modelo de bicicleta -sin luces-, y el mismo modelito de Induráin, casco aerodinámico incluido, que les costaría de seiscientos euros por barba en adelante -aún recuerdo cuando para ir en bicicleta, sólo hacía falta una bicicleta, independientemente de que fueras en vaqueros o en bermudas, pero parece ser que hoy día hace falta ir vestido con el equivalente ciclista a un frac-. Les pongo las luces, les grito que circulan a contrasentido…y no sólo siguen tan campantes, sino que ponen cara de sorpresa…de auténtica sorpresa…

            Cabe preguntarse si semejante imprudencia es producto de la ignorancia sobre las normas y señales de tráfico, o de la actitud, común a la sociedad posmoderna, de que cada uno puede hacer lo que le de la gana porque vivimos en una sociedad “democrática”-aunque sería mas preciso decir idiocrática, o “estupidocrática” por usar una palabreja mas descriptiva-. En todo caso, se podría perdonar la imprudencia e ignorancia de los menores, pero no de su despreocupado y atolondrado papaíto, que con cincuenta tacos, se arriesga a que sus hijos sean arrollados. ¿Qué hubiese podido ocurrir si el conductor del vehículo hubiese ido borracho, o drogado, o simplemente adormilado por el calor? Me imagino los titulares de los noticiarios de Atresmedia: “Una familia de ciclistas muere arrollada por culpa de un conductor”.

            Y es que esta cadena de televisión, que desde hace años se ha arrogado el papel de difundir la educación vial suplantando a la DGT -una muestra mas de la práctica neoliberal de que las empresas privadas usurpen papeles que corresponden al Estado- lleva años bombardeándonos con una campaña publicitaria llamada “Ponle freno”, gracias a la cual, aprovechado la legislación vigente sobre mecenazgo -Ley 49/2002-, se ahorra un dinerito en impuestos al erario público, a cambio, supuestamente, de colaborar en un fin social: como el de dar de comer a los pobres ya lo tiene pillado Cáritas, Atresmedia se ha agenciado -entre otros- el de enseñarnos a conducir. Pero lo ha hecho como es habitual en los sensacionalistas medios de comunicación actuales: eligiendo un culpable (los automovilistas) y una víctima (los ciclistas). Estos últimos, nunca son culpables de los accidentes, o así se deduce de los noticiarios. Tampoco es culpable el Estado, con su absoluta dejación en materia de seguridad vial, y mantenimiento de la red viaria; por la reducción o cierre de líneas de transporte público, tan necesarias en una provincia grande y de población envejecida como es León; o por aprobar una legislación que parece ignorar el hecho de que si cierras líneas de autobuses y trenes, obligando a la gente a desplazarse en coche por carreteras llenas de baches, curvas y cambios de rasante, resulta contraproducente permitir al mismo tiempo que los ciclistas puedan circular en paralelo congestionando el tráfico -aunque se pueda rebasar la línea continúa para ello, porque muchas veces no puedes, si circulan vehículos por el carril contrario-. Tan contraproducente como permitir a las concesionarias de las autovías subir las tasas hasta las nubes, obligando a los camioneros y al mismísimo ALSA a ir por Pajares, y a la vez permitir que los ciclistas vayan por el puerto precisamente los días con mas tráfico. Si a éso le unimos que la inmensa mayoría de los ciclistas -siempre hay excepciones, pero he visto pocas- jamás señaliza los desplazamientos de carril ni los giros, que sus bicicletas no llevan las luces reglamentarias, que circulan en la ciudad por el medio del carril en vez de ceñirse a la derecha como marca la normativa, que no respetan a los peatones, que cruzan los pasos sin aminorar…lo extraño es que no haya mas muertes en nuestras calles y carreteras. Y no hablemos de los ciclistas “gallitos” que increpan a los conductores, porque estaríamos hablando hasta el amanecer.

            La DGT publica regularmente los cambios en las normas de tráfico, y ha elaborado una guía muy clara y didáctica destinada a los ciclistas, que al ser comparada con el “Decálogo para una convivencia segura entre automovilistas y ciclistas” publicado por Atresmedia en su web “Ponle freno” y retransmitido por sus noticiarios, resalta las deficiencias de esta última: a pesar de tan rimbombante título, presenta múltiples lagunas, empezando por la ausencia de toda referencia a los derechos de los peatones o a la obligación de señalizar giros y desplazamientos.

            ¿No sería mas fácil y económico usar el sentido común? Si la DGT clasifica Pajares como peligroso, ¿no sería lógico que los mismos ciclistas, por su propia seguridad, escogiesen otra ruta, al menos, en días de mucha circulación? ¿No sería más lógico obligar a todos a respetar las normas de circulación, y no sólo a los automovilistas?

                                         AQUILINO SANTAMARTA

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