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INSIDE JOB

4 Jun

170604 inside Job

 Años después de su estreno en las salas de cine, concretamente en 2010, tenía ganas de revisar en DVD esta extraordinaria a la par que lúcida película documental de Charles Ferguson donde se retrata sin tapujos ni cortapisas el contubernio político-mediático-financiero que nos abocó a la actual crisis, la más grave dicen desde la del crack bursátil de 1929. Contubernio integrado por una caterva de sujetos desaprensivos y sin escrúpulo alguno que, con la complicidad de los gobiernos de turno y jaleados por los mass media afines, se dedicaron durante últimos decenios a inflar una burbuja de dinero imaginario vampirizando los ya muy escasos recursos de la economía real arruinando de paso los ahorros, trabajos y vidas de los miembros de esa entelequia creada bajo el keynesianismo llamada clase media.

Su colofón, tras dos horas de implacable metraje, no puede ser más desolador: estos tipos siguen a día de hoy ocupando los puestos clave de las respectivas administraciones de los estados para poder controlar in situ los sucesivos e infructuosos planes que se están aplicando en aras a intentar salvar el desquiciado modelo socioeconómico vigente. A la postre, nuevos fuegos de artificio con los que apuntalar la farsa cueste lo que cueste (nunca mejor dicho), utilizando básicamente los mismos procedimientos que antes habían empleado para erigirla sobre cimientos de puro humo.

Y mientras los ciudadanos de a pie seguimos pagando con lacerante precariedad e injustos recortes el pecado – sí, encima hemos de sentirnos culpables por haber vivido “por encima de nuestras posibilidades” – de habernos creído el espejismo, los verdaderos y máximos responsables del desaguisado no solo se van de rositas en los juzgados de turno y con la pasta a buen recaudo en inabordables paraísos fiscales, sino que encima refuerzan su poder hasta el punto de muy probablemente hacerlo inexpugnable para los próximos lustros.

Pero si hay algo me fastidia en especial de Inside Job es el papel desempeñado por muchos de los mediáticos profesores de economía, aquí retratados en su banal y mezquino comportamiento. Toda estafa necesita ser revestida de respetabilidad para que pueda dar el pego, de un ejército de chupatintas y paniaguados con ínfulas de expertos que justifiquen, con sus gráficos, estadísticas y jerga ininteligible, lo inevitable de la misma de cara a la ya de por sí asustadiza ciudadanía. Comprados a buen sueldo por las multinacionales y mintiendo a sabiendas, sabían muy bien lo que ocurría en realidad en los tiempos de la burbuja, tanto como saben ahora (aunque no lo digan, pues si se derrumbara el castillo de naipes ellos mismos serían los primeros en ser aplastados) que muchas de las actuales medidas de ajuste solo sirven para salvaguardar los ingentes beneficios de unos pocos poderosos frente al empobrecimiento paulatino (al fin y al cabo, hay dos tipos de economistas: los que trabajan para que los ricos lo sean cada vez más, esto es, la mayoría, y los que lo hacen para que los pobres no lo sean tanto, los menos) de la gente, aun cuando incluso ello pudiera provocar un colapso futuro (tampoco es cuestión de ser agoreros, pero este desbocado, volátil e imprevisible capitalismo de casino empieza a parecerse demasiado a esos personajes de dibujos animados que continúan corriendo después de salir del precipicio, hasta que de pronto miran abajo, se dan cuenta de que ya no tienen suelo bajo sus pies y entonces caen en picado).

¿Qué injusto, verdad? Pues sí, esta es la cara B del neoliberalismo. Lo mismo había gente que pensaba que esto era Disneyworld y todo…

RICARDO HERRERAS