CORAZÓN DE CEMENTO

5 Feb

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Seguramente el atentado más visible al entorno que nos deja la brutal crisis económica iniciada en 2008 sea el causado por la llamada “burbuja inmobiliaria”, rapaz y me atrevería a decir que infame alianza entre políticos corruptos y empresarios sin escrúpulos entregados – recalificaciones de terrenos y mordidas diversas mediante – a un vil saqueo cuyos daños colaterales a la belleza del paisaje urbano se han traducido en los ubicuos esqueletos de hormigón brotados “de espaldas al suelo” (que cantara en su día la Orquesta Mondragón) y surcados por abruptos vómitos de asfalto que jalonan la hoy castigada “piel de toro”.

Sin ir más lejos, en León ciudad tenemos nuestra particular dosis de este desolador paisaje después de la frenética batalla especuladora desatada en España en tiempos finiseculares. Es el caso del tristemente famoso “Polígono de La Lastra”, conocido como la “Seseña de León”, llamado en su día a ser el no va más de las construcciones urbanísticas provinciales y, tras la espantada de la entonces todopoderosa empresa constructora que dirigía las obras, hoy convertido en una espectral y desangelada urbanización de otrora pretensiones pudientes en la que en verdad muy pocos pisos están habitados y no muchos más terminados.

Pues bien, en medio de una geografía cuasi pesadillesca de bloques a medio construir, casetas de inmobiliarias desvencijadas, paredes agrietadas, fachadas descascarilladas, andamios oxidados, hileras enteras de árboles secos, papeleras sin limpiar, contenedores desperdigados cual barcos a la deriva, algún que otro montón de escombros sin retirar e incontables materiales de ínfima calidad esparcidos por el suelo y devorados por la maleza nos encontramos con un conjunto escultórico tan notable como poco conocido aquí: “Los Cuatro Elementos”, representación del fuego, la tierra, el agua y el aire asociados a algunos de los réprobos (Prometeo, Sísifo o Ícaro) eternos más conocidos de la antigüedad, utilizados por los clásicos para explicar las ambiciones, anhelos, miedos, limitaciones… y también la soberbia/desmesura de los seres humanos. 

Curiosamente, la obra en cuestión de Esperanza D´Ors fue auspiciada nada menos que por la Cámara de Comercio e Industria local. ¿No resulta irónico todo ello? Aunque ya no sé si decir sarcástico…

 

RICARDO HERRERAS

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