UNA DE “OPOS”

29 Ene

opositores

 

Como ya ocurriera en 2015 con las de enfermería y para pasmo/frustración de los casi 14.000 (13.928 para ser exactos) aspirantes que se han quedado con cara de gilipollas tras llevar años esperando esta convocatoria, dedicar cantidades ingentes de horas de estudio y gastarse un pastizal en academias, reservas de hotel, billetes de tren o autobús, etc., han sido cautelarmente suspendidos tres procesos de oposiciones en los que para más inri se ofertaban 78 misérrimas plazas (53 para auxiliar administrativo, 5 para técnico de soporte informático y 20 de promoción interna para administrativo) en la Junta de Castilla y León.

A estas alturas de la película no creo que merezca demasiado la pena entrar en los bizantinos tecnicismos que han podido motivar a la inefable administración pública patria a tomar tan arbitraria resolución, pues a mi juicio la cuestión de fondo no es si la culpa de esta incomprensible cacicada la tiene el gobierno central, el autonómico, los sindicatos o la madre que los parió a todos. Lo triste es comprobar cómo nuestros representantes políticos nos tienen en vilo para al final hacer con nosotros lo que les dé la real gana por enésima vez, partiéndose de risa en nuestra mismísima cara sin mayores consecuencias.

En cierto modo algo normal, pues llevan tanto tiempo provocándonos con sus rocambolescas, arbitrarias e injustas decisiones y pidiendo a gritos que les demos una patada en el trasero, y nosotros llevamos tanto tiempo pensando que se está mejor en el sofá de casa viendo por la televisión cómo estos jetas nos roban económica y moralmente, que ya se ha llegado a un punto al parecer de no retorno donde se asume el que desde arriba nos traten como si fuéramos poco menos que cobayas de laboratorio con las que experimentar o ganado al que pastorear.

Porque, en verdad, la culpa última de atropellos como éste no la tienen ni los consejeros, ni los ministros, ni los partidos, ni los sindicatos. La culpa última es de todos y cada uno de nosotros – anclados en una sociedad conformista en la que nos conformamos (valga la redundancia) con trabajar poco y mal y cobrar peor mientras algunos (los de siempre) se lo llevan crudo y con que se nos marche la fuerza por la boca en la barra del bar de la esquina – por permitirlos.

En cuanto a las oposiciones (de cuyo anormal, desquiciante y hasta nocivo funcionamiento en España, para negocio de no pocos, tendremos que hablar en profundidad algún día), transcurrido el año electoral que hemos padecido lo mismo hay que olvidarse de ellas hasta el año que viene, casi cuando se vaya a cumplir el plazo legal para convocarse de nuevo. Aunque para entonces no sería descartable otro “error” administrativo y que se convoquen en el 2022, coincidiendo con el Mundial de fútbol de Qatar, el cual sí parece que nos interesa muchísimo más…

                                                                                                                                                                                                                                           RICARDO HERRERAS

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