EL MUSAC

9 Dic

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El MUSAC – siglas correspondientes al Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, el non plus ultra de los levantados en nuestra Comunidad Autónoma en las últimas décadas – se erige sin duda en el prototipo de arquitectura postmoderna, ésa que desafía casi todos los cánones racionales de la lógica constructiva y hasta del sentido común.

Dándonos una vuelta por tan extravagante – como alejadísimo de los circuitos que le serían propios – edificio podemos encontrarnos cosas tales que escaleras por las que no se sube a ningún lado, columnas que descienden sin tocar el suelo, galerías que van hacia todas partes y ninguna a la vez amén de un muy llamativo exterior a base de colorines chillones con el que pareciera pretenderse solapar la verdadera cara de una ciudad tan provinciana y ñoña. Sus instalaciones recrean un paisaje excesivo y ecléctico, una pesadilla audiovisual donde se bombardea de forma compulsiva al visitante con un empacho de imágenes fijas y móviles, luces y sonidos cambiantes/chirriantes, un zapping desprovisto de objeto alguno al que el espectador pueda agarrarse, un popurrí estético pseudotelevisivo listo para ser digerido sin la más mínima reflexión.

Hasta donde son posibles ser analizadas, en las exposiciones y/o performances llevadas a cabo en el interior de tan “avanzada” edificación no existe “narratividad” que valga, tan solo aquella que los asistentes puedan construirse subjetivamente a sí mismos a partir de los collages multimedia (formados desde por piezas encontradas en basureros a siluetas de figuras recortadas a escala real, pasando por fragmentos de vídeo o audios de conversaciones descontextualizadas) del cachondo de turno aclamado ahora poco menos que por un genio por la extraordinaria capacidad que tienen algunos comisarios para vender motos, todo ello lanzado a la cara de la estupefacta audiencia de forma agresiva a fin de crear un ruido estético apabullante y una explosión sensorial pirotécnica que maquille la falta de contenido real.

¿El resultado? Salvo excepciones muy excepcionales, pastiches formales efímeros, burdos e incongruentes, estafas iconográficas de niveles tridimensionales, pájaras mentales solo aptas para flipados, tomaduras de pelo manieristas y pretenciosas a partes iguales, puro humo por no decir la nada absoluta.

Lo peor de todo es que, mientras el mundo se derrumba a nuestro alrededor (crisis económica, recortes sociales, desahucios, paro e incertidumbre mediante), a la salida de tan “memorables” (por esperpénticas y confusas) muestras expositivas ahí en frente está al Centro Comercial León Plaza para que continuemos inmersos en tan estúpida y ficticia burbuja de irrealidad y, de paso, gastar los pocos euros que nos queden en el bolsillo comprando algo a buen seguro superfluo, pues ya se sabe que “estamos en trabajos que no queremos para comprar cosas que no necesitamos” (Tyler Durden dixit).  

Llegados a este punto, estaría bien plantearse si la obra maestra del postmodernismo arquitectónico no será la imagen del propio MUSAC en llamas, ardiendo hasta los mismísimos cimientos… Aunque, a decir verdad, para ser un icono total del movimiento “postmo” lo ideal sería quitarle la cubierta y dejarlo a la intemperie, así nunca sabríamos si la obra está o no finalizada, destrozando así la narrativa de su (de)construcción y bla, bla, bla.

 

RICARDO HERRERAS

 

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