CHIMO

12 Nov

chimo-bayo

Corrían los años aquí unánimemente considerados de la luna de miel del régimen postfranquista y, al esotérico grito de “¡Hu- Ha!”, el DJ Chimo Bayo petaba las discotecas del país con un mantra – “Chiquitán chiquititan tan tan que tun pan pan que tun pan que tepe tepe pan pan pan que tun pan que pen…” – ininteligible mitad conjuro dadaísta mitad delirio anfetamínico. A mí la cosa me pilló lejos, pero en los primeros 90´ miles de adolescentes invadían las carreteras levantinas cada fin de semana en busca de un buen chute de música maquinera, drogas de diseño y sexo compulsivo en el asiento trasero de la furgo utilizada para la ocasión.

Lo mismo que de la “Ruta del Bakalao” no queda ya ni la raspa, del “preboste del techno” (Juan Antonio Cebrían dixit) patrio queda rastro visible de aquel jicho que aparecía en escena cual Robocop con greñas, gafas de sol con luces acopladas, micrófono en forma de diadema, chupa de motero intergaláctico y gorra con el acrónimo en cirílico (¡si Mijaíl Suslóv hubiese levantado la cabeza!) de la extinta URSS. Hoy es un pureta que peina canas y parece casi hasta un tipo formal, si bien en una novela (titulada “No iba a salir y me lié”: justo la excusa que ponían quienes en su día acudían como zombies en pos del “sonido bakala”) que el muy cachondo dice haber escrito junto a la periodista Emma Zafón todavía reivindica unos tiempos que fueron en sus propias palabras “los de mayor libertad en nuestra historia reciente”. Nada menos.

Boutades aparte de quien se considera a sí mismo (mismamente) “Patrimonio de la Humanidad” (sic), es menester reconocer que la movida valenciana fue a su manera mucho más popular y transgresora que la muy pija y mediática movida madrileña, básicamente por no contar con ningún empujón institucional ni inyección de pasta alguna por cortesía del ayuntamiento de turno. Pero en el fondo igual de insatisfactoria. Al respecto convendría recordar que buena parte de los jóvenes que en esa época recorrieron tan demencial travesía de techofarra en techofarra se quedaron por el camino, unos cuantos literalmente, los más sentenciados después al paro, a encadenar un trabajo basura tras otro o, en el mejor de los casos, al exilio laboral para poder encontrar uno decente.

 

Sí, la gran mayoría de los incautos participantes en aquella explosión de hedonismo tan nihilista como inane tampoco son los mismos de entonces. Ahora están más gordos, más viejos, más tristes y más solos, encallados en un océano de desencanto, amargura, frustración y hastío vital. No repararon que cuando aquí sonaba el machacón “chunda, chunda” del pinchadiscos valenciano, por lo bajinis se estaba componiendo otra “sintonía” destinada a la sazón a inflar la burbuja inmobiliaria, privatizar los servicios públicos y precarizar el empleo.

 

 Admitámoslo: mientras nos embelesábamos con los fuegos de artificio generados por tipos como él en tal o cual movida, otros (los de siempre: pónganles ustedes los nombres y apellidos que todos tenemos en mente) nos empezaban a robar la cartera. Y con ella, el futuro. Así que menos lobos, Chimo.

 

RICARDO HERRERAS

 

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