EL OCIO EN LA ERA DIGITAL

29 Sep

odio-en-era-digital

Hay algo curioso en esto del ocio: se podría decir que todos lo ejercitamos de una u otra forma, en mayor o menor medida, pero muy pocos podrían definirlo de manera exacta.

Su origen estaría (así al menos lo entiende un servidor) en las conquistas sociales del hoy añorado y laminado estado del bienestar de la segunda mitad del siglo XX, el cual no olvidemos (no me cansaré nunca de repetirlo) fue en gran medida conseguido por las reivindicaciones y luchas en su día emprendidas por una heroica clase trabajadora a fin de lograr el loable objetivo de establecer límites al muy extenuante régimen laboral decimonónico. El problema es que en la actualidad, con la mercantilización de casi todo y con la vuelta a modelos laborales que creíamos superados, ese mismo ocio se ha ido transformando en un producto más de consumo. El resultado de ello es que, a pesar de la sobreabundancia de estímulos externos en forma de incontables ofertas de asueto con los cuales nos bombardean a diario, éstos no parecen crear otra cosa que nuevas necesidades superfluas, dando lugar a que paradójicamente la gente se aburra ahora muchísimo más que nunca. ¿Por qué?

A lo mejor ese hastío vital crónico que a poco nos fijemos podemos observar en muchas personas tenga que ver precisamente con que ese tiempo libre que deberíamos ocupar, administrar y disfrutar de manera personal e intransferible, pues resulta que los poderes fácticos nos lo tienen en cambio perfectamente pautado, dosificado e intervenido hasta el milímetro a través de omnipresentes campañas de mercadotecnia, erigiéndose en un espacio vacío que hay que llenar a toda costa (como si del horror vacui artístico se tratara) hasta, llegado el caso, con las mayores estupideces imaginables. Unas “estupideces” que, lejos de saciarnos, actúan como si bebiéramos agua salada: cuanta más bebemos, más sed tenemos.

            Lo peor es que para combatir dicho aburrimiento se han ido dejando de lado las – a pesar de lo inevitablemente imperfectas que resultan siempre – tan necesarias relaciones humanas en detrimento de unos artilugios digitales (ordenadores, móviles, videoconsolas, etc.) que en puridad solo nos acaban proporcionando experiencias instantáneas, anestesias temporales o satisfacciones efímeras, a todas luces insuficientes para poder tapar ese “agujero negro” que se ha instalado irremediablemente ya en nuestras vidas y que representa la peor versión de eso que llamamos ocio. 

En efecto: más que una opción o un derecho y como si de una droga se tratara, éste ha acabado convirtiéndose en un fin en sí mismo, mejor dicho, en un bien de consumo obligatorio dirigido por una poderosa y en absoluto inocente industria del entretenimiento, a la par que nos atomiza, aliena y esclaviza hasta extremos no vistos en épocas pretéritas. 

¿Otro ocio es posible? Aunque solo fuera por una cuestión de higiene mental, así debería ser desde luego.

 

 

                                                                                  RICARDO HERRERAS

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: