BONO, ESE SINVERGÜENZA

13 Jun

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Si hay un tipo que me repatea es Paul David Hewson, más conocido como Bono, el líder y cantante – o cantamañanas – de ese grupo llamado U2. No voy a entrar a valorarle como músico, pero este primaveras pijiprogre, ecolojeta, social-guay y oenegeísta profesional que viaja en jet privado haciendo discursos tan buenistas como ininteligibles (sí, las drogas acaban pasando factura) con los que movilizar la ayuda de los países más ricos a los del tercer mundo y luego pierde el traserillo por fotografiarse con todos los mandatarios habidos y por haber en buena medida responsables precisamente de ese hambre en el continente negro, me tiene hasta el gorro. Y es que, en un mundo carente de referentes dotados de auténtica ética, impostores como Bono pueden hacer y hacen al final muchísimo daño.

 

Veamos: la fundación filantrópica que encabeza el susodicho (la ONE; sí, como el título de uno de sus más aclamados discos) recibe ochenta veces más dinero del que canaliza a las causas sociales que supuestamente apoya (tan solo el 1.23%). Por ejemplo: en 2008, ONE obtuvo $14,993,873 de los cuales únicamente $184,732 fueron distribuidos a proyectos de caridad, mientras que casi nueve millones de dólares se canalizaron al pago de los elevados sueldos de empleados y ejecutivos. Las matemáticas parecen no mentir…

 

En otras “extrañas” manifestaciones de su bipolar personalidad, resulta que este individuo va por ahí presumiendo del rol político que ha desempeñado en su natal Irlanda, donde dice haber contribuido a mitigar la histórica violencia interreligiosa allí desatada durante décadas, lo que no quita para que su banda tribute en un país (más bien, paraíso fiscal) como Holanda, o que su marca de ropa para incentivar la producción en África se manufacture en fábricas textiles de China, donde ya podemos imaginar qué tipo de trato dispensen a los trabajadores. Sus últimas loas a la UE – llamando “héroes” (sic) a Angela Merkel o Durao Barroso – desde luego revelan un caso clínico de aguda y preocupante esquizofrenia.

 

En verdad no sé si Bono es consciente de quien es él mismo, si un bluff mercadotécnico, un glamuroso farsante, una trasnochada celebrity al que el dinero y la fama se le han subido a la cabeza o un mesiánico sociópata afectado por un ego todavía más elevado que su pretencioso lifestyle. Aunque, bien pensado, todo circo necesita su payaso o todo payaso necesita su circo: en este caso concreto, el orden de los factores no altera el producto. Y ese papel el músico irlandés lo desempeña a la perfección, no cabe duda.

                                                                  RICARDO HERRERAS

 

 

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